28 mar 2011

Lalo en Calidoscopio



NADIE LLEVA LA CUENTA de las zancadas del caballo que llega a la meta del hipódromo. Quizás porque no es habitual el hacerlo. Muy probablemente porque tanto ella como Ruibérriz están troceando el pan en las gradas mientras yo les miro. Marías está por llegar. Algo de insólito debe tener calcular las zancadas exactas. Cuatrocientas cuatro digo al azar. Y ellos miran cómo el animal reduce el trote. El hipódromo está desierto y más de una vez hemos pensado en comernos a Lalo, nuestro caballo. Parece enfermo. Y cuentan los trozos de pan. En las puertas, lo que ha sido nuestro único y ordenado hogar hasta ese momento, se frotan las manos nuestros inversores y esperan sus dividendos. Hacen cola. Se quitan los gorros los unos a los otros. Se dan puntapiés. Se soplan en los dedos.

–Si repartimos un diez por ciento haremos frente a Stanwyck –apunta ella.

–Espero que nadie quiera retirar todo lo invertido –digo yo.




20 mar 2011

Ed Gein


Edward Theodore Gein tenía una camioneta que había sido revisada al menos en siete ocasiones. Los problemas de su caja de cambios eran de sobra conocidos en Plainfield (Wisconsin). Incluso, la llevó a revisar minutos después del secuestro de la señora Worden, con la señora Worden dentro, enrollado su cadáver entre mantas. Ed Gein acumulaba en su granja brazaletes, collares, trajes de noche, platos de sopa, impermeables y lámparas, todo ello trabajado a partir de la piel humana y demás restos de cadáveres que robaba del cementerio. Su nevera, cuando el ayudante del sheriff sospechó más de lo debido y comenzó el registro, estaba a rebosar de carne fresca. Nunca reconoció el sexo con los cadáveres. “Olían demasiado mal”, declaró. La historia que se ha escrito culpa a la represión sexual de la madre de Gein como causa de sus actos. Lo único cierto es que Ed idolatraba a su madre y la “habitación de mamá” era un exquisito altar barroco. Luego llegó Robert Bloch intentado recoger la historia en su Psicosis. Los habitantes de Plainfield quemaron su casa en un intento inútil, como el del protagonista de El Horla de Maupassant, de hacer desaparecer a sus propios fantasmas.

11 mar 2011

Carnaval


Alguien me dijo que soñó que cortaba la cabeza de un dragón y yo, esa noche, no pude evitar el enfrentamiento con un demonio. A partir de ahí se vino repitiendo un sueño sí y otro no; un sueño sí y otro no; un sueño sí y otro no. Entonces apliqué la valentía de mi amigo: en una de esas seccioné (yo también sé hacerlo) la cabeza del contrario. Un corte seco ejecutado con una espada imaginaria, de esas que a veces aparecen en las pesadillas o en los cuentos de Borges quién sabe bajo qué oculto motivo.
Y fue el otro día, comentando en la comida con mi esposa y mis niñas cualquier cosa de la televisión, en el momento que me llevaba la cuchara de sopa a la boca, cuando esa cabeza demoníaca cayó desde lo alto hasta la fuente de ensalada, en el medio de la mesa. Evidentemente yo no dije esta boca es mía, sorbí de la cuchara como si nada hubiese pasado. Después tapé, como pude y en un ejercicio hipócrita, los cuernos con hojas de lechuga, los cabellos rojos con remolacha y zanahoria. No resultó.
Mis hijitas se alertaron, chillaron, lloraron como nunca. Mi esposa me miraba sorprendida y los dos luchábamos, tenedor con tenedor, en la fuente de ensalada. Ella por apartar, yo por ocultar. Ganó ella y cogió la cabeza. La examinó, estiró de sus cabellos, revisó sus dientes.
-¡Queridas, es una careta! –grité sin pensarlo.
Y dejé servilleta en la mesa y se la quité de las manos. No paré hasta que me cupo y pude sacar la lengua por esa boca enrojecida de diablo. Luego prometí a mis niñas, entre muecas y como quien promete una minucia, un viaje a Disneyworld para Carnaval.





5 mar 2011

Altruismo



Nadie adivinó cómo llegó el muerto hasta allá, y menos aún cómo fue posible que llegara con ataúd y todo tan arriba, a la plaza más alejada del centro del pueblo. Una maraña de subidas y bajadas trazaba las líneas de las calles. La hipótesis que más chismes logró fue que había caído de un avión, de algún aparato de esos que alguna vez sobrevolaba los campos, en un despiste.
            Las mujeres que vivían por allí arriba, al ver que sus maridos no prestaban atención a la caja de madera, que los niños ya comenzaban a jugar con ella y se escondían tras ella en el juego del escondite y la intentaban abrir, fueron las que los mantuvieron alejados con castigos. Esperaron al invierno. Entonces utilizaron el hielo para empujar el ataúd hasta el barrio y medio, el que quedaba en la mitad del pueblo, ni arriba ni abajo, neutral.
Los vecinos de esa zona, al ver que la caja permanecía más de lo debido, siguieron la misma táctica, lanzaron cubos de agua a las calles heladas, empujaron. Y no es que existiera el convencimiento unánime de que era malo para la convivencia tenerlo, pero se optó por una decisión democrática. Algunos intentaron torpedear el referéndum con sobornos y falsos dirigentes, la mayoría decidió. Costó un poco más pero la voluntad de las mujeres y la fuerza de algunos hombres (eran más trabajadores que los del barrio alto) consiguieron que la caja resbalando fuese a parar a la parte baja.
            Allá todo era diferente, lo que caía ya no bajaba más. Era el final del polvo, de la lluvia, de los cantos rodados. Los niños fueron hasta el límite del pueblo al enterarse que allí había llegado. Ese lugar tenía todas las muñecas, balones y muertos del pueblo. Los pequeños corrieron cuesta abajo, contentos pero en silencio. Sabían que podían ser descubiertos por los mayores: los padres estarían vigilando y una mínima sospecha conseguiría que no les dejaran ir tan abajo nunca más.
            Los vecinos de esa parte los recibieron con alegría. Como eran dados a regalar y a dar cariño, amor y más amor, y siempre mucho más de lo que recibían, no se tomaron a mal ese dejar correr hacia abajo lo que arriba molesta. Tan sólo abrieron el ataúd, saludaron al muerto, y lo repartieron en pedacitos proporcionales entre todos los niños.

26 feb 2011

F.

No somos unos maniáticos. Lo que sucede es que nuestra familia siempre ha procurado tenerlo todo ordenado según marcan los códigos: el lápiz dentro del portalápices, los vaqueros van primero en la maleta, los libros se colocan por el nombre del autor en la estantería, las personas por su altura, dependiendo de la talla. El día en el que la familia descubrió que tenía pendiente una labor, quiso abarcar lo imposible y acabar de una vez con el desorden universal. Se decidió habilitar una habitación para cada una de las letras del abecedario y ahí almacenar todos los objetos posibles. Y que uno cuente así la historia, como si lo más importante fuera el propósito de la familia a la que pertenece, no es ni por querer dar importancia a lo sucedido ni por denunciar el absoluto caos que reina en todos los rincones posibles del cosmos, sino porque la familia así lo ha deseado:

-Ponle orden escrito a nuestra historia –me dijeron.

Para los que sean escépticos a nuestra labor, es verdad que si las cosas están ahí porque así se han dejado, en el quehacer diario, y uno va y las vuelve a ordenar según sus parámetros, al fin lo que hace es perturbar nuevamente el orden en el que quedaron durante un tiempo. Este matiz ha supuesto no pocas disputas, pues si lo que hacemos es enmarañar aún más nuestro alrededor, ¿no deberíamos ser castigados? ¿Acaso nuestra tarea tendrá consecuencias más desastrosas que el aleteo de una mariposa según la teoría del caos? Resolvimos que la tarea enciclopédica, ordenar cada cosa por su nombre, al fin y al cabo, solventaba el problema; pues era pura matemática aplicada a la letra, y por extensión, a los cuerpos. En cualquier caso, lo elemental, además de esa decisión, fue que la familia decidiera comprar toda la manzana de edificios que daba a la Avenida Miraflores. Dado que, aunque avanzamos en la tensión y la compresión de los objetos, una tarea de ese tamaño necesitaba un espacio suficiente. 


17 feb 2011

Dom Agustim Calmet et LES REVENANTS


"Hay asenso al afirmar que uno de los tratados más famosos referentes al fenómeno del vampirismo es el mencionado, Dissertation sur les revenans en corps, les excomuniés, les oupires ou vampires, brocolaques, etc... (1751), de Dom Calmet, quien no se aparta, en la versión definitiva, de la posición ortodoxa de la iglesia, si bien, en algunos tratados sobre estos temas, algún autor afirmase que la obra primera había sido expurgada. Se decía que, al igual que sucediera a Darwin con el evolucionismo, que había ido a islas lejanas para afianzar el creacionismo y acabó defendiendo y preconizando la teoría evolucionista, también Calmet, con algunos comentarios de la obra primigenia, en realidad no había hecho más que avivar la antigua llama de la creencia en tales fenómenos preternaturales. Sea como fuere, la intención principal de la obra, se insiste, es la de refutar las opiniones consuetudinarias sobre “los hechos presuntos” de los vampiros...  El mismo autor obviaba, con meras afirmaciones, que su intención estaba lejos y nunca podría contradecir las irrefutables apariciones narradas en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, en una toma posicional o doctrinal basada en una mera cuestión de fe.
La obra vio la luz por primera vez en 1746, en París, editada por Debure; la segunda  apareció en Suiza, en Einsilden, en 1749 y la tercera en Alemania, en Augsburg, en 1750. Por fin, la obra completa y revisada, en dos tomos, se publicó nuevamente en París en 1751, otra vez por Debure el Mayor, “El mencionado aquí “Tratado de las apariciones de los espíritus y de los vampiros o revinientes de Hungría, Moravia, etc”, del reverendo padre dom Agustín Calmet, Abad de Sénones. La obra, como se dijo, se compone de dos tratados o disertaciones: el segundo, titulado Tratado de las apariciones de los ángeles, de los demonios y de las almas de los difuntos y Disertación sobre los revinientes en cuerpo, los excomulgados, los vampiros o upiros, brucolacos, etc, es el que es más o prácticamente el único conocido por muchos que se sienten atraídos o fascinados por los fenómenos de la denominada, en ocasiones “Magia Póstuma” y también “Magia Roja”.
El propósito del padre Calmet no fue realizar un estudio genérico sobre las apaciciones, sino sobre el vampirismo, como fenómeno peculiar, como él mismo reconoce en la obra, sobre unos hechos que en aquellos años se habían propalado por toda Europa, acontecidos en Hungria, Moravia, Silesia y Polonia, llenando de estupor al público y también a más de autor relevante. El estudio sobre el vampirismo llevó a que se considerasen también las generales apariciones y de ahí la existencia de las dos disertaciones, y no una como suele habitualmente creerse; en relación con ello tenemos la carta erudita que el padre Feijoo (Cartas eruditas y curiosas, 1753), –Reflexiones críticas sobre las dos disertaciones que, en orden a apariciones de espíritus y de los llamados vampiros, dio a luz poco ha el benedictino y célebre expositor de la Biblia dom Agustín Calmet– ya aludía al hecho de “las dos disertaciones”, una realidad que posteriormente se ignoró.
La idea básica que se postula y defiende –recuérdese que estamos en plena ilustración–, es la posibilidad de que los muertos retornen a la vida, aunque tal regreso nunca sería in corpore ni por la intervención del demonio, cosa que Dios no permitiría, indepen-dientemente de que fuesen o no condenados. Además, el libro es-tuvo motivado por numerosas profanaciones de tumbas en países balcánicos llevadas a cabo por el temor a estos espectros, un pavor que la misma iglesia había alentado, por una patente demonización de los fenómenos, que seguía férrea en los tiempos en que la obra se publicó."


De Salvador Alario Bataller en Malditos (Grafein).

10 feb 2011

Panza de la fortuna

(Breve estupidez)

¡Por supuesto que quiero ser bufón de Ubú! De hecho es mi máxima aspiración. Fue en el entierro de Mallarmé cuando supe lo que la vida me deparaba, un universo enorme con forma de rosquilla y relleno de caos por dentro. Alfred Jarry estaba allí con su traje de ciclista, su bicicleta y sus pistolas en el cinto. Yo también, trabajando. Apenas un suspiro de altura, desconcertante apariencia y toda la ciencia de la Patafísica revolucionando su cabeza y el simbolismo francés.
"Enterrador, ponga al lado de la tumba mi camaleón", me dijo Alfred. Y yo cogí el camaleón y lo puse encima de la caja de Mallarmé. "Tápelo con mierda de oca, cariñosamente", gritó. Y yo obedecí. Ése hombre (mitad dios, mitad trasgo) había seguido el cortejo en bicicleta, haciendo sonar de vez en cuando su enorme campana de tranvía que cualquier buen día decidió instalar en ella, y ahora volvía a emprender la marcha. Fue el momento idóneo para dejar la pala, escupir al suelo con rabia y despedirme con un corte de mangas de mi jefe, el Enterrador Supremo. Gracias a esa decisión, la única que he tomado en mi vida, pude correr tras Alfred y la campana y por trasmigración mental (mi única virtud), entrar en su laberinto úbico y encontrar la definición de la 'Patafísica:
"Es la ciencia que se añade a la Metafísica, bien sea en sí misma, bien sea fuera de sí misma, y se extiende más allá, tan lejos como ésta se encuentra de la física" La 'Patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias que atribuye simbólicamente a los lineamientos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad".

Por lo que asimilé y adiviné, sin duda erróneamente, el futuro y dos conclusiones:

1. La 'Patafísica hace que la realidad, y por ende la escritura, que conocemos, explote por falsa, creando un nuevo universo irónico, caóticamente creativo, infantil, lleno de juegos y extravagancias, y se convierta el Collège de 'Pataphysique (presentí que se ocultaría en 1974 por la desaparición de varios de sus miembros y sentí su desocultación el 20 de abril de 2000 para continuar con la exploración) en una sociedad de Investigaciones Eruditas e Inútiles que se ocupa de la única cosa seria" ¡La 'Patafísica!

2. Todo es 'Patafísica/o. Boris Vian dirá un día en una entrevista: "Uno de los principios fundamentales de la 'Patafísica es el de la equivalencia de los contrarios. Es tal vez eso lo que explica el rechazo que manifestamos de lo que es considerado serio y de lo que no lo es, porque para nosotros "serio" o "no serio" es exactamente lo mismo. Eso es 'Patafísica; aunque uno no quiera, siempre está haciendo Patafísica".

Alfred Jarry seguía pedaleando, yo detrás, Ubú en mi cogote. De hecho no noté la respiración del señor Ubú, de la panza enroscada de Ubú, hasta que creí que lo tenía detrás. Inconscientemente estaba allí, en el último pliegue de la mente, y al ser pensado conscientemente (pura patafísica) Ubú apareció, respiró con su panza, gracias a su nariz de cocodrilo, y me despeinó. Por lo que París, una ciudad en gris metalizado, tenía corriendo sobre su piel a un falso príncipe acosando a un joven aprendiz de entierros que a su vez perseguía a un genio en bicicleta que seguía a trescientos por hora a la Contradicción Absoluta.
"Enterrador, la imaginación es lo único que soluciona los conflictos. Contraponga, enfrente, piense en opuestos, en contradicciones, ahí tendrá la solución a todo, el Humor", gritó así, con mayúscula en la hache, desde su bicicleta. De hecho, la literatura es eso, oposición. Así se crean preguntas. Y hartos de conocer las respuestas se necesitan buenas preguntas, ¿quién sabe preguntar? Es lo que yo pensaba, enterrador y pobre en todo. "'Patafísicos son aquellos que hacen conscientemente lo que los demás hacen de manera inconsciente", susurró alguien desde el cielo, el Dr. Faustroll. "El padre de todo descubrimiento habla", me ilusioné.
Sí, el grotesco señor Ubú es el culpable; el absurdo, la causa. La vida como juego. La literatura como juego. En el aliento de Ubú se advertía esencia de OuLiPo (Georges Perec, Italo Calvino, Cortázar porque sí"). Y mi pasado de enterrador dejó paso a mi futuro de jugador a letras. OuLiPo. Ouvroir de Littérature Potentielle, manifestación de la ciencia patafísica. Y pensé en ella, a toda carrera, sin saber nada más que lo que alguien, posiblemente el Dr. Faustroll, me susurraba: la literatura como experimento, como azar de palabras. Sustituir palabras de un texto por su definición, crear de antemano una lista e introducirla en un orden preciso, abrir por azar un libro y a partir de una palabra escogida automáticamente escribir y escribir, la novedad, la superación de los formalismos, el texto como placer, el lenguaje como un mecanismo imposible para captar la realidad, su superación, la escritura emanada desde el inconsciente, desde las vísceras, jugar y jugar. Y después, jugar más.
Y todas las frases venían a mi mente de persona sin nada más que la nada separadas por comas, con prisa. Y ese combinar de ideas hizo que parara la carrera y el señor Ubú se detuviera en seco. Le miré a los ojos. Alfred Jarry se escapó con su pedaleo. A lo lejos pude ver su estela de genio y su campana de tranvía. "Señor Ubú", le dije muy serio, sabía que estaba ante un decisión muy importante: "lo he decidido, quiero escribir, hacer letras". El señor Ubú refunfuñó, para responder se sentó, se metió el dedo meñique del pie en la nariz y sentenció mi futuro y con ello mi presente: "Bufón, mejor que te dediques a enterrar muertos".

7 feb 2011

Culpa


Jugamos al ajedrez. “Raskolnikov y la señorita Freud juegan partidas rápidas de ajedrez detrás del sofá”. Podría ser un buen titular para un diario. Si es que a alguien de los que tienen la cabeza dentro del río le interesase la lectura. Si pudieran leer. Si hubiera diarios. Si alguien perdiera el tiempo con la escritura. Jugamos partidas a cinco minutos, a lo sumo diez. Habitualmente gano. Es inevitable. Ella con su cabecita zen no piensa en posibles variantes, no discurre de forma lógica; su pensamiento suele ser lateral. Y le explico el por qué de mi nombre, que es el nombre de un personaje. Y le cuento lo de la culpa del hombre que es la gran culpa de Raskolnikov tras haber matado en la novela de su autor ruso a una viejecita sin querer, o queriendo pero sin desearlo, casi sin quererlo. Y no lo comprende.


3 feb 2011

Grossmann


Georg Grossmann vendía salchichas preparadas por él mismo en la estación del ferrocarril. Se carteaba con Haarmann, el Carnicero de Berlín, y se intercambiaban recetas culinarias. Nació en Neuruppen, capital del distrito de Ostprignitz-Ruppin, en el estado federado de Branderburgo, en 1863. Los perritos calientes humanos eran la debilidad de Grossmann. Necrófilo y condenado por abusos sexuales, llegó a anotar más de cincuenta víctimas en el haber de su hoja contable y acabó con una sentencia a muerte que firmó el juez con varios días de retraso. La mañana en la que lo apresaron, una barbacoa humeaba en su jardín, y una joven estaba al punto de sal. El apetito de Grossmann era voraz, las partes que no le servían las lanzaba al río Spree. Y el río Spree no era el río Ganges, eso es incuestionable. Si no, los habitantes de la zona habrían sabido cómo sacar partido a ese desperdicio y vender semejantes restos como fertilizantes. No llegaron a ejecutar a Grossman. Se ahorcó en su celda con cincuenta y tres años. Y lo último que debió creer era que de su cuello estiraba hacia arriba una ristra de frescas salchichas a la pimienta.

Tenedores


Y es que hay una musiquita en el ambiente...
 mis zapatos son tenedores y el fuego camina conmigo.



1 feb 2011

Caníbal


Y claro, en LOS CANÍBALES el relato que dará título al libro tendrá relación directa con LA EMBOSCADA, como no podía ser de otra forma: cartas del padre, fórmulas físicas para aplicar la muerte, Issei Sagawa, Ed Gein, el inspector Spade y Silvia. Un relato que es cajón oscuro de la novela. Independiente. Posterior.

 

31 ene 2011

El millor combat de boxa


Traído directa y literalmente del blog del MISSATGER:

"El millor combat possible de boxa, amb l’home del bigoti, el barret i el caminar d’ànec, és a dir, Charlot, com as del quadrilàter, el moviment de cames i la pólvora als guants. Ni Marcel Cerdan, ni Sugar Ray Robinson, ni Alí. El protagonista del millor combat de la història va ser Charlot, a City lights. I el va perdre. Com ha de ser. Els surrealistes tenien raó al admirar-lo."





26 ene 2011

Freaks


El sombrero no es propio de los jugadores de ajedrez. Cualquier elemento añadido a lo natural es una suma artificial y resta eficacia al pensamiento según dicen algunos teóricos del juego. Y ahora, a las cinco y cuarto, él deja la partida con la que está enredando en el club, tiende la mano al rival y el otro acepta las tablas, porque debe seguir con su oficio y le espera la mujer en el bar. Abre su libro de notas y tacha el nombre de Kitty, lo que vendría a ser el apodo en internet y con mucha probabilidad el nombre irreal, de la mujer con la que se ha citado. Apunta algo al margen mientras se acaricia el bigote y evita que el sol le dé de frente en la calle.
            No es fácil encontrar a invasores en este mundo. Es decir, no es nada sencillo para un explorador de freaks (en el sentido más concreto del término, el que le dio en el 32 el director de cine Tod Browning) localizar ejemplares únicos. Los días transcurren entre libros, cine de serie Z, hechas con presupuestos miserables y aperturas de ajedrez. Más de una vez ha llegado a romper el culo de una botella y amenazar a esos tipos que en una mala noche sostienen que El increíble hombre menguante, o La caída de la casa Usher, incluso La mujer avispa, son subproductos del género. Aquél que afirme eso, piensa, no conoce en esencia la historia del mundo. Los colores primarios, excesivos en algunos momentos, encuadres fuera de plano, rostros iluminados de forma constante, actuaciones mediocres… son la representación más exacta de lo que se da a nuestro alrededor.
            Dicen que los siberianos, cuando juegan al ajedrez, se apuestan numerosas veces su fortuna, aun siendo poca, y otras cuántas a sus mujeres o hijos. Parecería que es exagerado afirmar que eso lo hacen de forma frecuente, pero se da en más ocasiones de lo que pudiera sospecharse en principio. Durante muchos años, de niño y después de adolescente hasta ahora, ha llevado un estudio meticuloso del movimiento de las piezas, llegando a demostrar que aperturas como la holandesa, la escocesa, incluso la italiana con negras, llevan a la desventaja o a la derrota en pocos movimientos. ¿Kitty sabrá jugar en verdad?
            Ella le espera de espaldas, fuma y su cabello es negro y está algo sucio. Como convinieron le aguarda con un libro de Edgar Allan Poe. Es importante que su título sea Berenice y otros cuentos pues eso ya le supone un añadido de interés a esa mujer. Algunas de las frases de Berenice como “nuestro linaje ha sido llamado raza de visionarios”, o “la desgracia cunde multiforme sobre la tierra” suelen ser contraseñas citadas de memoria por sus seguidores cuando se necesita para entrar en ciertos lugares.
            -Todavía no me había encontrado con una mujer tan guapa –le dice él a bocajarro después de haberse presentado.
            Kitty podría resultar una buena candidata para participar en alguno de los películas de serie B. Si pudiera compararse con alguna de las actrices del género podría parecerse a Julie Strain, una de las mejores modelos que suelen posar para los grupos de heavy metal. Pero es sólo en apariencia, porque de la misma forma que los sombreros no son propios de los jugadores, el rostro de Julie Strain podría localizarse muy adentro de Kitty. Su apariencia externa y palpable es irregular. Mientras conversan, él anota sus posibles proporciones. Es evidente que su cabeza es mayor de lo habitual, sus facciones están algo hinchadas y sus ojos y nariz sobresalen en exceso del rostro.
            “Manos largas, dedos-tenaza. Atención: pierna con rosca”.
            Y ella le habla nerviosa del accidente, el que le hizo perder la pierna y le enseña orgullosa su prótesis. El plástico tiene un sabor especial, él lo sabe y no puede remediar simular la caída de la prótesis y agacharse para lamer a escondidas el objeto. Lo suficiente para que Kitty no desconfíe y se pregunte por esa simulación extraña debajo de la mesa.
            -¿No serás uno de esos tipos raros que sólo quieren acostarse con una? –le pregunta.
            Él deja la prótesis a un lado de la mesa y le coge de las manos, le asegura que a él sólo le moviliza la belleza, hablar, poder compartir experiencias, y el ajedrez, comenzar una buena partida y escuchar a la otra parte cómo piensa. Kitty evita hablar de variantes y le cuenta el accidente, cómo iba en bicicleta y un objeto poderoso impactó contra ella, llevándose de cuajo su pierna en la carrera. “En mi mente sólo estaba el levantarme tras esa caída y salir a buscar la bicicleta para seguir dando pedales”, le confiesa. Que ella entrenaba para el equipo olímpico y que, aun después de lo sucedido, ha continuado haciéndolo, podría ser perfectamente una mentira. Pero él sonríe y le pide al camarero una copa.
            En el local la gente entra y sale, son pocos los que se sientan y hablan. Y eso hace más extraordinario el momento, pues él está al corriente de la filosofía clásica y recuerda que Heráclito ya lo dijo hace tiempo: la vida es un fluir constante. Y en ese fluir de personas, el río en el que ellos se encuentran, tan sólo están estáticos los dos, aunque las manos ya se han separado y uno enciende un cigarro y otra echa un ojo a la prótesis. Prótesis que no sólo sabe a plástico de verdad sino que su posee un tacto exquisito, puro, más erótico incluso que el de la piel humana.
            A las dos semanas de llegar a esa ciudad y tras haber abandonado por motivos intrascendentes la anterior, hará unos seis años, comenzó su búsqueda. ¿O fue primero la inscripción en el club de ajedrez? Lo que más le importa no fue la sucesión de los acontecimientos, sino la necesidad de seguir localizando a sus “gentiles invasores” para continuar con el juego. Tiene catalogados a centenares de contactos, de muchos de ellos tiene alguna que otra fotografía tomada al amanecer, juntos en la cama. De otros tiene lo que más le interesa: partes concretas de su cuerpo, formas y complementos. Y podría haberle pedido por favor a Kitty que le dejara acariciar más su prótesis, pero se conforma con tenerla al lado y que ella, quizás conociendo el interés, no se la haya insertado de nuevo.
            -Al fin y al cabo todos somos cyborgs. Yo llevo gafas – le dice él-. Es un añadido creado por máquinas.
            -Medio orgánicos y medio mecánicos, artificiales –asiente Kitty.
            -¿Conoces alguna novedad interesante en el mercado de las protesis?
            -La empresa Alergan-Inamed fabrica las mejores prótesis mamarias –responde Kitty-, las de marca CUI y McGhan son de alta calidad.
            Y ella se ríe y derrama al sorber parte del contenido de su vaso pues es cierto que su boca tampoco está excesivamente proporcionada y se escora algo hacia la derecha. No sólo sus labios son de un grosor diferente, sino que parece que hubiera estado cosida su comisura durante un tiempo y ahora tuviera algún problema para volver a situarla en su estado normal. Por unos momentos pasa por su cabeza la idea de desvestirla, y cómo resultaría ella entre las sábanas blancas, un cuerpo incrustado en la cama y que ofrecería mucho más que una mujer habitual. Una especie de cuadro, futurismo febril y más -ismos revueltos. Ni las medidas únicas en las mujeres, ni la belleza general fue nunca de su agrado. Era precisamente el ser imposible, el natural-expresionista, lo que podría denominarse lo más parecido a una composición de Schöenberg, disonante y con acordes errantes, el que le interesaba.
            -¿Qué aperturas dominas? –le pregunta él.
            Una respuesta vacilante le hace sospechar. Kitty le habla sobre conceptos generales y equivocados de la apertura española. No darle importancia a la variante del cambio, alfil por caballo, jugada en Cuba por Fischer con éxito en sus partidas, ya lo dice todo. Supone desconocer conceptos básicos del juego. Que dicha variante estaba en desuso, y que la estructura de peones de las negras quedaba más maltrecha que la de las blancas y el éxito estaba en contrarrestar el juego de los alfiles, era lo mínimo que uno puede esperar de un jugador que comienza.
            Él mira desconfiado, Kitty ha cometido un error grave en la apertura. Ahora se mueve inquieta en la silla y sus dedos-tenaza tiemblan. Las siguientes jugadas deben ser directas, sin perder tiempo ni en el desarrollo ni en el ataque. Guarda la libreta y levanta la mano para llamar al camarero. En el momento en el que ella se gira para pedir también, él tiene la oportunidad y la aprovecha. Agarra la prótesis que está sobre la mesa y se lanza a la salida, golpea a unos cuantos clientes y corre. Marcha por las calles de la ciudad como si le persiguiera una horda de siberianos y no descansa hasta que dobla tres o cuatro calles. Luego continúa tranquilo. Al menos el objeto servirá para apostar durante unas cuántas partidas más en el club y afinar el medio juego hasta que lleguen los campeonatos. Pierna contra brazo. Pierna contra audífono. O pierna contra ojo de cristal. Podría decirse que la “matemática secreta” que él emplea en cada partida tiene una base lógica, pero la intuición, el sentido de la posición, es su fuerte.