23 nov. 2011

Extracto LOS CANÍBALES en DVD Ediciones


Los caníbales es el nuevo libro de relatos del escritor y poeta Iván Humanes, publicado por Libros del Innombrable. Así se nos describe: "Desde el humor negro y lo fantástico instalado en lo cotidiano, en los relatos que conforman Los caníbales  se da cita un canibalismo evidente y carnal -el de sangre, cuchillo y dientes afilados- pero también otras formas de canibalismo, con menos hígado, pero también dañinas y voraces. La familia, el gobierno, la empresa, el pasado, las relaciones sentimentales, etc. son caníbales. A su modo, devoran al individuo y acaban con la identidad, la deforman."

Reproducimos a continuación un fragmento del relato que da título al libro, por cortesía de Iván Humanes y Libros del Innombrable.
 
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LOS CANÍBALES

(Extracto)
1.
Las extremidades eran el elemento nutritivo más apreciado entre los guerreros. Para los sacerdotes estaban reservados los corazones, que se imaginaban como unidades vivas que transmitían el alma. Bajo ningún concepto la sangre era bebida, eso ya era tarea de los dioses. Y si acaso hubo un ciclo antropófago por excelencia ése fue el que debió darse a finales del III milenio a.C. en Egipto. En “los años de los chacales” el canibalismo se practicó como un medio de supervivencia. Ahora, los antropófagos más modernos recuerdan ésa época con devoción y pagan grandes sumas por las reliquias conservadas. Muy especialmente, y con más cercanía a nuestra época, valoran los vestigios del bergantín The Boyd: su tripulación y sus pasajeros fueron desmembrados y engullidos a principios del XIX por los maoríes de Whangaroa, al norte de Nueva Zelanda. De forma similar, podrían haber descuartizado a los tripulantes del Beagle, en especial a Darwin, pero, lamentablemente, no fue así y la teoría de la evolución está en boga determinista. Los “nuevos antropófagos” guardan con celo los antiguos rituales. Y para ellos la sangre sigue siendo un fluido sagrado. Agua en llamas.
2.
Una carta del padre:
Como físico que soy sabes que me interesa la velocidad en exceso, así su fórmula:


En cuanto a velocidad media, la rapidez viene dada por la división entre desplazamiento (x) y tiempo transcurrido (t). Veamos, si un cuchillo recorre la distancia del brazo al abdomen del otro -o de la otra- de 50 centímetros en 0.69 segundos, la velocidad media resultante sería el resultante de la división 0,50/0,69, que sería igual por lo tanto a 0,724 m/s. El mundo se mueve bajo leyes prefijadas. ¿Y la violencia, te preguntarás? Si podemos establecer 0,724 m/s como el “módulo de velocidad” de un asesinato “tipo”, o de un asesinato “medio” luego observamos que esas variables son relativamente falsas. El acuchillamiento debería ser certero para que tras él suceda la muerte instantánea. Si no lo es y la víctima se toma su tiempo para abrazar la desaparición (sean 2, 59 segundos o 1,39 minutos) las variables saltan por los aires y echan al traste la teoría de la velocidad, de tal forma que las siguientes cuchilladas deberían ser más rápidas para que todo fuese perfecto y las matemáticas euclidianas válidas.
De ahí la diferencia entre un “mal” y un “buen” asesino, hijo. En el “buen” asesino los vectores son visibles, limpios, intensos; mientras que en el “mal” asesino cunde la chabacanería de los vectores hechos pedazos, sucios de mala muerte. Sí, la velocidad cuenta en estos casos. El cuchillo debe ser la única arma. Un punzón o una maza cambiarían el resultado. Le darían la vuelta a la teoría porque son nuevos elementos de medidas inestables. Todo esto no es más que la constatación de que este mundo, y cierta física clásica, intenta medir lo ingobernable.”