29 dic. 2011

Sigueleyendo caníbal


 Raúl Argemí en SIGUELEYENDO se pregunta por el Apocalipsis como motor narrativo.


"¿Qué tiene el Apocalipsis que se convierte, una y otra vez, en material de nuestras narraciones? ¿Por qué nos centramos en los días posteriores al apocalipsis? ¿Por qué ese mundo tiene que ser, necesariamente, peor que lo que hemos conocido? Esa es la pregunta, provisoria, que se fue gestando con tres libros que he leído, en distintos momentos, pero que por estos días se me sumaron. Dos novelas y un libro de relatos. Plop, de Rafael Pinedo (1954), Últimos días en el Puesto del Este, de Cristina Fallarás (1968) y Los caníbales, de Iván Humanes (1976)."

23 dic. 2011

Agustín Calvo Galán - Caníbal


 (...)

Estas referencias son muy variadas, pero creo que se pueden resumir en dos polos principales para realizar un recorrido por las narraciones incluidas en el libro: uno centroeuropeo, con sonoridades bernhardianas en relatos como el titulado “Unida” o kafkianas en “Q93n”, y también con las películas del austríaco Haneke, especialmente en la capacidad para recrear una violencia no explícita, violencia que puede hacerse silenciosamente, como la hace el forense sobre los cadáveres en el relato titulado “El segundero de oro”. El otro polo radicaría en el continente americano, desde el sur nos llegan los ecos entretejidos de Borges y Cortázar, y desde el norte Paul Auster como gran artífice del absurdo humano y el relato inacabado, y Lovecraft en esa maestría por hacer de lo fantástico universal un terror próximo e individual, que Iván recrea en narraciones como la titulada “La zona”. Todas esas referencias y algunas más (como la explícita al gran poeta y novelista catalán Joan Perucho) hacen de este libro no sólo un ejercicio de estilo literario, sino, y por encima de todo, evidencian la inmensa capacidad de Iván por la invención, con gran contención e ingeniosidad, y sin caer en la ocurrencia sorpresiva que despista o en los fuegos de artificio del género fantásticos habitual.



14 dic. 2011

Reseña caníbal de Antonio Tello

 
La antropofagia como metáfora de la autodestrucción social constituye el nudo de Los caníbales (Libros del Innombrable, 2011), de Iván Humanes. Autor de una escritura tersa y tensa, como ya se apreció en su novela La emboscada, Humanes recrea un submundo oscuro que se manifiesta en la realidad cotidiana con una pasmosa naturalidad y cuyos estragos no son perceptibles hasta que es demasiado tarde.

Los cuentos reunidos en Los caníbales, no obstante su autonomía y su diversidad temática, tienen la virtud de conformar un universo en el que los personajes están en permanente tensión frente a la acción devastadora del mal. Éste se encarna a veces en extrañas criaturas que evocan antiguos mitos, desde los escandinavos hasta los lovecraftianos e incluso bíblicos, pero en general es una invisible acechanza, destructiva y autoritaria -un dios, un sistema- que gobierna las conductas y los pensamientos de los seres humanos hasta convertirlos en meros esclavos de sus designios. 
La literatura fantástica exige que las manifestaciones de lo oculto -lo fantástico, lo extraño- no se presente como una excepción del mundo, sino como parte de su naturaleza. Este principio, tantas veces olvidado, es respetado escrupulosamente por Iván Humanes en la misma medida que respeta la tradición literaria hasta el punto de dialogar libre y espontáneamente con los clásicos. 




6 dic. 2011

Presentación LOS CANÍBALES



PEQUOD LLIBRES
Presentación del libro de relatos Los caníbales (Libros del Innombrable), de Iván Humanes.

Miércoles, 14 de diciembre de 2011. 20 horas.

Intervendrán:

Raúl Herrero, editor.
Antonio Tello, escritor.
Iván Humanes, autor.

Se repartirá una dosis apropiada de carne entre todos los asistentes.

PEQUOD LLIBRES
C/MILÀ I FONTANALS, 59 VILA DE GRÀCIA
BARCELONA



Y TRAS LA PRESENTACIÓN


Lectura poética de “Textos caníbales y no tanto”, a cargo de
Iván Humanes + Antonio Tello + Raúl Herrero.

Día 14 de diciembre en el Espai Bohèmia de El nostre Racó, a las 22.30 horas.

C/Bòria, 22. Barcelona.

https://tascabohemia.blogspot.com/

5 dic. 2011

Festín caníbal (Roger Ferrer Ventosa)


"Dir que en aquests relats Iván Humanes mostra l’absurd de la vida quotidiana sota el capitalisme, ja convertit en tardocapitalisme moribund, és quedar-se molt curt. La fase literària tan en boga als vuitanta de copsar amb ironia i amb sarcasme les imposicions del consumisme sobre les persones ja ha demostrat la seva insuficiència: ara hi ha que exposar-ne les conseqüències tràgiques, i l’autor escull per fer-ho el tremendisme que agiti les aigües somortes de la voluntat individual putrefacta després de l’experiència tardocapitalista, ideada per matar la intel·ligència, la cultura, la sensibilitat, l’ànima de les persones. Un sistema caníbal que, com Moloch, devora generacions i generacions d’humans sense perdre la fam.
Quin altre estil hauria estat més apropiat per a practicar l’autòpsia d’aquest món ocupat per personatges desconcertats, matant-se i devorant-se els uns als altres mentre ballen boogie boogie? Humanes encerta quan opta a Los caníbales pel citat tremendisme , en una línia amb molts precursors dintre les lletres castellanes.
De fet, si busquem referències pels seus contes, trobem a més de la línia dura castellana els autors més fantàstics de la literatura suramericana, el Cortázar dels contes surrealistes (bé, i l’altre també), un Borges psicotrònic, lluny del Parnàs acadèmic i apropat als malsons laberíntics, una Alícia que entra al forat i es troba un refugi atòmic habitat per Lovecraft i Joan Perucho (homenatjeat explícitament), un Arrabal campió del món dels pesos pesat. Com a mestre de cerimònies, Kafka, clar que en aquesta elecció de mestres Humanes no s’allunya gaire de tants altres escriptors de la seva generació."  
Roger Ferrer Ventosa







23 nov. 2011

Extracto LOS CANÍBALES en DVD Ediciones


Los caníbales es el nuevo libro de relatos del escritor y poeta Iván Humanes, publicado por Libros del Innombrable. Así se nos describe: "Desde el humor negro y lo fantástico instalado en lo cotidiano, en los relatos que conforman Los caníbales  se da cita un canibalismo evidente y carnal -el de sangre, cuchillo y dientes afilados- pero también otras formas de canibalismo, con menos hígado, pero también dañinas y voraces. La familia, el gobierno, la empresa, el pasado, las relaciones sentimentales, etc. son caníbales. A su modo, devoran al individuo y acaban con la identidad, la deforman."

Reproducimos a continuación un fragmento del relato que da título al libro, por cortesía de Iván Humanes y Libros del Innombrable.
 
***
   
    
LOS CANÍBALES

(Extracto)
1.
Las extremidades eran el elemento nutritivo más apreciado entre los guerreros. Para los sacerdotes estaban reservados los corazones, que se imaginaban como unidades vivas que transmitían el alma. Bajo ningún concepto la sangre era bebida, eso ya era tarea de los dioses. Y si acaso hubo un ciclo antropófago por excelencia ése fue el que debió darse a finales del III milenio a.C. en Egipto. En “los años de los chacales” el canibalismo se practicó como un medio de supervivencia. Ahora, los antropófagos más modernos recuerdan ésa época con devoción y pagan grandes sumas por las reliquias conservadas. Muy especialmente, y con más cercanía a nuestra época, valoran los vestigios del bergantín The Boyd: su tripulación y sus pasajeros fueron desmembrados y engullidos a principios del XIX por los maoríes de Whangaroa, al norte de Nueva Zelanda. De forma similar, podrían haber descuartizado a los tripulantes del Beagle, en especial a Darwin, pero, lamentablemente, no fue así y la teoría de la evolución está en boga determinista. Los “nuevos antropófagos” guardan con celo los antiguos rituales. Y para ellos la sangre sigue siendo un fluido sagrado. Agua en llamas.
2.
Una carta del padre:
Como físico que soy sabes que me interesa la velocidad en exceso, así su fórmula:


En cuanto a velocidad media, la rapidez viene dada por la división entre desplazamiento (x) y tiempo transcurrido (t). Veamos, si un cuchillo recorre la distancia del brazo al abdomen del otro -o de la otra- de 50 centímetros en 0.69 segundos, la velocidad media resultante sería el resultante de la división 0,50/0,69, que sería igual por lo tanto a 0,724 m/s. El mundo se mueve bajo leyes prefijadas. ¿Y la violencia, te preguntarás? Si podemos establecer 0,724 m/s como el “módulo de velocidad” de un asesinato “tipo”, o de un asesinato “medio” luego observamos que esas variables son relativamente falsas. El acuchillamiento debería ser certero para que tras él suceda la muerte instantánea. Si no lo es y la víctima se toma su tiempo para abrazar la desaparición (sean 2, 59 segundos o 1,39 minutos) las variables saltan por los aires y echan al traste la teoría de la velocidad, de tal forma que las siguientes cuchilladas deberían ser más rápidas para que todo fuese perfecto y las matemáticas euclidianas válidas.
De ahí la diferencia entre un “mal” y un “buen” asesino, hijo. En el “buen” asesino los vectores son visibles, limpios, intensos; mientras que en el “mal” asesino cunde la chabacanería de los vectores hechos pedazos, sucios de mala muerte. Sí, la velocidad cuenta en estos casos. El cuchillo debe ser la única arma. Un punzón o una maza cambiarían el resultado. Le darían la vuelta a la teoría porque son nuevos elementos de medidas inestables. Todo esto no es más que la constatación de que este mundo, y cierta física clásica, intenta medir lo ingobernable.”

16 nov. 2011

Primer lector


"¡Pero si es un libro de humor!", ha dicho mi amigo. Mi primer y amado lector.


6 nov. 2011

Los caníbales



LOS CANÍBALES
Iván Humanes
ED. LIBROS DEL INNOMBRABLE
Biblioteca Golpe de Dados

ISBN: 978-84-92759-43-9
167 páginas
Zaragoza. Octubre, 2011

"Aún bendecimos los alimentos. Porque hay alimentos para hacerlo. En el sótano. Comemos en el sótano. Aún bendecimos con las manos retorcidas y la cabeza gacha. Madre y padre con la cabeza abajo. Hermana con la máscara que da contra la mesa. Como durmiendo en la mesa. Durmiendo con el filtro de la máscara apoyado en la mesa. Todos bendecimos en silencio. Las máscaras antigás puestas. Los cuatro sentados en la mesa. Bendiciendo. Con las máscaras apropiadas. Luego, comer es una tarea de chinos. Es cuestión de meter rápido los dedos entre la máscara y pasar la comida a la boca. Sin respirar. Sería mejor meter los trozos directamente en el estómago. Pero habría que cortar. Habría que cortar piel. Cortar estómago. Y no. Cuando bendecimos los alimentos pensamos en los otros. Porque aquí dentro todo es paz y silencio. Pero afuera no hay paz. Ni silencio. Digamos que no hay nada. O si hay algo ese algo estará muerto. O condenado."

Fragmento del relato Unida.


Desde el humor negro y lo fantástico instalado en lo cotidiano, en los relatos que conforman Los caníbales se da cita un canibalismo evidente y carnal -el de sangre, cuchillo y dientes afilados- pero también otras formas de canibalismo, con menos hígado, pero también dañinas y voraces. La familia, el gobierno, la empresa, el pasado, las relaciones sentimentales, etc. son caníbales. A su modo, devoran al individuo y acaban con la identidad, la deforman. 



9 sept. 2011

Entrevista

 
Agradezco la completísima entrevista con motivo de la inminente aparición del libro de relatos Los caníbales. Espero haber resuelto todas las dudas.

8 sept. 2011

La suerte en la literatura

 
Tras varios años de estudio puedo decir, con toda solemnidad y petulancia, que he llegado a adivinar la génesis de la suerte en la literatura. He intentando mostrar toda mi teoría en el video que sigue.

6 sept. 2011

Monográfico a Fernando Arrabal


YA A LA VENTA Y LA NO-VENTA EL PERRO BLANCO Nº10.3 
MONOGRÁFICO FERNANDO ARRABAL
Monográfico a Fernando Arrabal por su 79 cumpleaños.
Coordinado por Raúl Herrero.
Sumario: -En portada dibujo Bicicleta Patafísica de Fernando Arrabal -Editorial por Mr. Mandrake -Poemas de Fernando Arrabal -Artículo: Preámbulo por Andrés Ortiz-Osés -Poesía para Arrabal: Iván Humanes, Esther Lapeña, José María de Montells, Nuria Ruvira, Martín Marcos y Juan Carlos Valera -Artículo: Pánico en la Ciudad Encantada de recibir a Arrabal por Carlos del Moral Casas -Artes para Arrabal: Ángela Ibáñez, José Antonio Conde, Paco del Valle, Jaime Asensi, Juan Francisco Nevado y Jordi Soler. -Artículo: Rencontre de l Architecte Oscar Niemeyer avec Fernando Arrabal en Copacabana por Wilson Coelho -Teatro: Casa de citas por José Manuel Corredoira Viñuela -Artículo: Arrabal: Misterio y Poesía por Raúl Herrero -Música: L enfant épileptique por Paco del Valle.

28 ago. 2011

Antonio Fernández Molina

  
El microrrelato surrealista

Antonio Fernández Molina (Alcalá de San Juan, Ciudad Real, 1927) está vinculado en sus orígenes literarios a los movimientos de vanguardia, en especial al postismo y al surrealismo movimientos ambos que dejan su impronta en algunos libros de microrrelatos memorables, que merecerían mucha más atención de la que han recibido hasta el presente, me refiero, entre otros, a 80 sueños  (1951) de Juan Eduardo Cirlot, o a La piedra de la locura (1966) de Fernando Arrabal , calificado por el propio escritor como “libro pánico” o libro de “mis sueños”. Del último existe una segunda edición (2000) realizada por Francisco Torres Moreal, con ilustraciones de Antonio Fernández Molina, A. T. y Raúl Herrero. Hay que señalar que el primer tomo de las  Poesías completas  de A. Fernández Molina va precedido a su vez de un prólogo de Arrabal lo que es un buen indicio de su amistad.
Los tres autores exaltan el papel de las fuerzas más oscuras de la mente humana, y reflejan mediante símbolos e imágenes oníricas un mundo inquietante de gran fuerza expresiva. No obstante, para el ámbito del microrrelato, Antonio Fernández Molina es el más importante de los tres. Intentaré hacerlo ver. Sabe forjarse en seguida un nombre como pintor y sobre todo como poeta; sus libros El cuello cercenado y Platos de amargo alpiste  son representativos de la renovación poética de su época. En 1951 fundó la revista y colección de libros denpoesía “Doña Endrina”, colaboró como redactor jefe en “Despacho literario”, revista dirigida por su amigo Miguel Labordeta, y llegó a ocupar también el cargo de secretario de redacción de “Papeles de Son Armadans”.



La mosca

La mosca que está en mi mano vuela hasta mi hombro. Es grande como una gallina. Cruza mi boca y entra en mi estómago. Entonces mis ojos se apagan y durante días y días veo con los suyos.

Cuando recupero la vista me dicen que he estado enfermo.

La mosca sale bruscamente y arrastra mi dentadura.

Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
La vida caprichosa, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2003.

21 ago. 2011

Cocina caníbal - TOPOR


Roland Topor
Escritor, pintor, ilustrador y cineasta francés de origen polaco. Publicó dibujos y cuentos en las revistas Bizarre, Arts, Le Rire y Fiction. Junto con Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowski, fundó del movimiento Pánico, vanguardia teatral de marcadas tendencias surrealistas y del teatro del absurdo. Influido por el cine de Luis Buñuel y por El Manifiesto del Teatro de la Crueldad de Artaud, en el Grupo Pánico se conjugan tres elementos básicos: terror, humor y simultaneidad.
Topor ha sido autor de piezas teatrales, director y actor, como en Autorretrato de un pornógrafo. Su novela El Quimérico Inquilino fue llevada al cine por Roman Polanski en 1976. Como actor ha participado en Nosferatu, vampiro de la noche (1979, de Werner Herzog) y El amor de Swann (1984, de Volker Schlöndorff). También ha diseñado la escenografía y el vestuario de obras teatrales y de óperas. Ha sido autor de dos películas de animación: Los caracoles (1966) y El planeta salvaje (1973), premio especial del jurado en Cannes. Además de sus trabajos en televisión (Téléchat: 156 episodios para niños con Henri Xhonneux), es autor de las piezas de teatro Joko festeja su cumpleaños (1975) y El invierno bajo la mesa, representada en Bruselas en 1996. Junto con Michel Ribes escribió la ópera Batallas, representada en 1983. Entre otras distinciones, obtuvo el Gran Premio de las Artes de la villa de París. La Cocina Caníbal fue publicado por primera vez en Francia por ediciones André Balland (París, 1970).

Tropo Editores. C/ ANDRÉS VICENTE 20, 3ºC (50017) ZARAGOZA
www.tropoeditores.com - info@tropoeditores.com


Línea recta


Nadie tiene una capacidad de comprensión absoluta. Solaris es un enorme cerebro capaz de pensar. Y de repente, aparece un niño en medio de ese océano. Berton lo vio y así lo relata: cuatro metros de altura, ojos azules y el pelo negro. Recién desnudo, como un recién nacido. Mojado. Grasiento. Manteniéndose siempre encima de la ola. Y los inquisidores suelen reparar que ese comportamiento, el decir de Berton, es una alucinación. De repente, los ojos de uno no sirven para nada. Mejor arrancárselos. O mejor aún, someterse a la extracción de la piedra de la locura. Sería lo más apropiado si queremos evitar el dedo que señala. Porque, ¿dónde se sitúa la cara oculta del conocimiento? En ese ir y venir del Océano Solaris, que recuerda a los conjuntos fractales de B. Mandelbrot, al ir más allá de los conceptos geométricos clásicos, a la teoría del caos. Es un viaje peligroso. Quizás de ida. Tan sólo. Nuestro Kris, no obstante, opina que la solarísitica, tras las declaraciones fantasiosas de Berton, está en un camino sin salida, alucinatorio. Y claro, a él le interesa la “verdad”. Porque quizás la verdad que ha escuchado de Berton no sea la “verdad”. Porque para él, la “verdad” no puede darse de manera fractal. Para comprender la realidad lo habitual es calcular las palabras en línea recta. Kris hace una hoguera antes de partir. Quema ciertos recuerdos. La foto de su esposa fallecida está ahí, tras las cenizas. Y el silencio. Luego, parte hacia Solaris. Hay dos tripulantes, de los tres iniciales. El Dr. Guibarián se ha suicidado.



18 ago. 2011

La gallina degollada



Horacio Quiroga y su gallina degollada es leída continuamente por los nuestros.


La gallina degollada
Horacio Quiroga

Todo el día, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.
El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.
El mayor tenía doce años y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo. ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?



13 ago. 2011

La ley


19

Ha llegado a la habitación y ha vaciado la papelera por la ventana. Es la primera vez que le he escuchado gritar. Luego han venido algunas palabras incomprensibles que bien podrían ser en alemán. Habrá suspendido alguna asignatura porque ha destrozado el manual de derecho mercantil. Paseó intranquilo de un lado a otro de su espacio, como pensativo. Hasta que en un arranque de furia ha tirado buena parte de su muro, fruto de un puñetazo, y han caído a mi terreno algunas obras de autores que no conocía como Alejandro J. Ratia, Gabriel Matzneff, Josep María Madorell o Julián Ríos. Ya son míos. Desde el momento en el que sobrepasan frontera él y yo, tácitamente, aceptamos que pertenecen por accesión a nuestro territorio. Aquí no valen tiempos de prescripción ni años (seis para los bienes muebles según el Código Civil) para adquirir derechos.  Y aunque las normas definan la propiedad como el derecho de gozar y disponer de una cosa sin más limitaciones que las establecidas por las leyes, no vale hacer de las leyes generales una limitación (prohibición), sino todo lo contrario. En nuestro territorio, que son nuestras mitades exactas, vale la ocurrencia de Aleister Crowley una noche de invierno con el té en la mano:
            -Haz lo que quieras, será toda la ley.


10 ago. 2011

Arrabal's Tutti Frutti


Fernando Arrabal baila TUTTI FRUTTI al ritmo de sus 79 agostos, mañana cumple. Video de la magnífica Christele Jacob. Los caníbales le felicitan al son de tenedor y pandereta.




2 ago. 2011

Los RENEGADOS

 !

Dedos nerviosos del capitán Spaulding
zurcen americana de piel
humana, por supuesto,
y el inspector está muerto boca arriba
allí, frente al hogar que es roja charca.

Al helado motel de neón
no es posible arrancarle ni una voz.
Pájaros negros esperan en las vigas.

Detrás de la puerta velada, gallinas,
Bates y la familia Firefly,
cabelleras cuelgan de la pared húmeda.
Siete gatos como siete soles:
lengüitas que lamen pies en sangre.

Baño de luz. Tener calma.
Calma a la ebullición de las moscas.
Primero una parte. Y luego otra.

Es avanzar el silencio, dar cuchillo,
hermosas mujeres en carne,
escarbar el cuerpo hasta la llaga.
Olvidar la palabra:
lo artificial conserva la viva apariencia.

Y en la intensidad entre las cosas
y en la integridad entre las cosas:
poner la piel del revés.

Dedos nerviosos del capitán Spaulding
cosen botones en americana,
y una joven a sus pies, cabecita loca
amante de la serie B, saco de paja,
colorada como un cangrejo
de río, por supuesto.

Y es así:
Primero un pie, luego otro y las manos,
las manos, más tarde sierra en las rodillas
y el músculo áspero a un lado.



22 jul. 2011

Pastel de carne




A Titus Andrónicus le pirra el pastel de carne. Tremendo caníbal.

8 jul. 2011

Rituales



Aquel día, Madame Zunz anotó en un huevo el nombre sagrado, lanzó puñados de pólvora a los cuatro vientos y fue a la cabecera de la cama, puso el huevo debajo de la almohada y lo aplastó con un machete. En seguida le dio por cantar nanas, gritar y mirarse las manos. Hasta que cayó al suelo en un acceso de fiebre y locura.
Al llegar el esposo ella dormía. La sirvienta le abrazó y él le aseguró que ya se había acabado todo. En la biblioteca, entre beso y beso, abrió un cajón y sacó un bote repleto de tierra roja del siquiátrico, pimienta, hierbas de adormidera y hormigas locas. Salieron al jardín, lo enterraron. Tras la despedida, él se acostó. Acomodó la almohada y dio la espalda a Madame Zunz.
En el sueño, su esposa leía un libro en el porche. Él se lo quitaba. Era la Regla de Osha (obra santera canjeada por un par de Biblias inglesas días atrás). En la página siete, un círculo señalaba el ritual para chiflar a una persona. Monsieur Zunz abandonaba el porche disimulando la marca, columpiando con gracia las caderas. En la siguiente página se revelaba el secreto que acaba con la virilidad de un hombre.


2 jul. 2011

Ludwig Zeller

Insomnio con escamas

Un pez cruza mi sueño cada noche
Y abre un túnel de incienso en las almohadas,
Sobre el vidrio que es piel, que corta el aire
Pega después sus párpados, escucha: las aguas me rodean
De una a otra pared siento temblar sus hojas cristalinas.

¿Todo está aquí? ¡Respóndeme! Ola de vientre
Oscuro, signos que alguien dibuja allá en el fondo
Como estrías del mismo espejo siempre.
Si venimos del pez, del hueso ardiente
Empeñado en abrirse en sus espinas, si no hay piedad
Si en el estanque pasan la red día tras día,
¿En dónde están los ojos que nos miran, en dónde la raíz
De ese lamento, las ascuas del insomnio en las agallas
Que se inflan, se prolongan, buscan un metal frío?

De ese país que lentamente se alza en las paredes
Secas del día y las semanas salen a recibirme las escamas,
Me incorporo entre llagas, pregunto por amigos
Que no existen, que son polvo molido por la lluvia,
Me pesa cada trozo, cada porción del alma que recuerdo.

¿Estáis allí?, pregunto. ¿Estáis allí? Invisibles
Golpean las agujas en el telar sediento
De la imagen y los vidrios se quiebran, se endurecen
Sobre la cicatriz de la corriente. Veo lágrimas
En el rostro final, el pez que vuelve cada noche en sangre
Que respira en mi almohada, que se quema en mi oxígeno
Y despierta...
Tras el vidrio estoy solo,
Tal vez en otro sueño, dando gritos.



Puedes leer más poemas de Ludwig Zeller en su página y en La siega.

1 jul. 2011

Elektra


Siempre nos ha chiflado el cine negro, el boxeo, todas esas cosas. Pese a que no se tiene tiempo suficiente para todo si uno tiene la obligación de acabar con los rateros y el crimen organizado y llevar procedimientos legales como Matthew Murdock. A mi pequeña Elektra no le interesa tanta charla. Mi querida Elektra prefiere ahora la filosofía zen, descansar los ojos en la arena, imaginar que la rastrilla una y otra vez, bien quietecita. Y uno se pregunta el motivo del fin, y lo mejor es no preguntárselo; pues es evidente que el motivo principal es el azar, un dios loco que se confunde y en vez de dar, quita. Como un caer de taza en el suelo y romperse en mil pedazos porque el movimiento del brazo se descuida en la mesa.  Pero tampoco nos preocupamos por ello. Asumimos las consecuencias, sin más. De la misma forma que ella acepta que cada mañana yo acuda al puente de Brooklyn para reafirmarme en vida, consiento que prefiera quedarse con la sonrisa de palo, sola, en casa, cuidando arañas. Siempre dispuesta a complacer mis deseos. Pese a que nunca me han alcanzado, pese a que quién sabe dónde se esconden los malditos monstruos que toda ciudad muerta oculta en sus entrañas.

24 jun. 2011

Ojos negros (inicio)


Por prescripción médica debo estar a oscuras, una ceguera controlada. Mi esposa me recuerda continuamente que son sólo seis días y después ya veré como antes. Confía en mí y sabe que soy incapaz de llevarle la contraria, menos aún si hacerlo supone romper con las claves del diagnóstico médico. Pero no sabe lo que me ha ocurrido hoy, si lo supiera suprimiría la oscuridad de la cura sin dudarlo.
Elegí la habitación de los niños, es la que menos luz tiene, da a un patio interior y las persianas son de aluminio, encajan en la ventana al milímetro. Y aunque tenemos habitación y muñequitos y quién sabe qué más caprichos, no tenemos niños. Lo que menos me gusta son las camas, son pequeñas y tengo que formar un ovillo para entrar en alguna de ellas. Es cierto que al principio pensamos traer el colchón de matrimonio y dormir los dos, o instalarme en la habitación de matrimonio sin más. Pero no quise. No deseo hacer partícipe de la ceguera pasajera a mi esposa instituyendo la de matrimonio como la morada oficial de las tinieblas. Y tampoco quiero que por la noche esté a mi lado. Porque para mí siempre es de noche, duermo cuando me apetece, a cualquier hora del día.
El oftalmólogo me dijo que tenía pinzado el nervio del ojo izquierdo y que eso me obligaba a no leer, a no ver la televisión, ni el reflejo de la luz, ni color, ni forma de ningún tipo para no forzar la vista durante seis días. Y no es que lo considere una estupidez, pero a veces la oscuridad es tan extraña que te hace ver formas, en la negrura son persistentes unos puntitos blancos que si los unes con una línea imaginaria componen la imagen de un barco, de un hombre… Un espasmo eléctrico, la vida, otro mundo, ignoro el motivo de las visiones. Y ha sido ahora, hace unos minutos cuando la he visto. Mi esposa ha llegado del trabajo, ha abierto la puerta de la habitación, ha asomado su cabecita y yo le he dado la espalda evitando la luz, luego ha entrado y nos hemos besado. Se ha ido. Y yo la he visto. No a mi mujer, a ella. Es decir, estaba yo calculando qué hora sería nada más despedir a mi esposa cuando no he podido dejar de seguir con la vista, a oscuras, un puntito que de repente ha ido a unirse con otros tantos y ha resultado ella de la suma. Tan sencillo como eso. Estaba sentada en una de las camas y acariciaba un gato, también efecto de averiguar la forma final de tantos puntos diminutos, brillantes, temblando entre sus manos.
-¿Y tú?
¡Ha sido así! Yo le he hecho esa pregunta, no ha respondido. Ha saltado dejando una estela de puntos tras de sí. Ha intentado ocultarse en la oscuridad pero no lo ha conseguido, porque yo, y gracias a mis días de completa pelea con el sol, he conseguido volver a formarla ante mis ojos. El gato seguía entre las sábanas. Y no sé por qué ocultos mecanismos de la mente, al acercarme (un atrevimiento del que yo mismo me asusto al evocarlo) ha ronroneado. He aprovechado para comprobar si era una jugada loca de mi reclusión, pero no. Y los mimos han hecho que ella, la mujer de puntitos luminosos, se sintiera segura y abandonase su intento frustrado de desaparición. Se ha sentado enfrente de mí y se ha unido a la caricia del gato, suavemente, como si en ello estuviera su propósito vital.
Y puedo asegurar que no es comparable una noche sin estrellas, sin luna, con el estar ciego. En esa noche se vislumbraría el borde del sendero, la corteza de los árboles a un palmo, una luz dudosa a lo lejos. Indicios que llegarían a guiar al que se sintiera perdido. Pero yo creía que el estar ciego (aunque sea el estar ciego como yo, de forma artificial) suponía el desgaste de referencias, de cualquier indicio, la más absoluta de las desgracias, la negrura sin más: ni sendero, ni corteza de árbol ni una luz siquiera en la lejanía. ¡Todo lo contrario! Seis días. Y de repente, ella. Lo pensé al descubrirla, al revelar la sensación luminosa convertida. Me he emocionado al imaginar que no estaba todo perdido, que la vida siempre tiene vías de escape, sorpresas escondidas que hay que saber aprovechar.

8 jun. 2011

Invertebrados


Nos mueve el salto. El caer y el transformarse. Nos motiva la caída porque nosotras hemos sido recompensadas con la transformación. Las ramas no tapan la luna. Vengan a nuestro reino, hijos míos. Y aprendan la lección de hoy porque las madres abrirán el libro de medicina y les enseñarán sobre los invertebrados. Los invertebrados carecen de columna vertebral y esqueleto interno vertebrado. Vean un ejemplo en la extracción que practicaremos al señor. Se llevó un susto de muerte, sí, un susto de muerte. ¡A reír se ha dicho! La zoología distingue entre los artrópodos y los no artrópodos. Tomen nota. No se despisten. Insectos. Gusanos. ¿Quieren ver cómo el hombre se asemejará a un gusano tras la operación? Bravo. Bravo. Son ustedes tan inteligentes... Avanzan tan a prisa... La nariz, los párpados y los dedos son estructuras que pueden ulcerar, mejor su eliminación. El rostro es intercambiable, pura apariencia. El alma es de una viscosidad indescifrable. Ya lo han visto. Pero basta ya, pasemos a la siguiente lección, dejemos la teoría. Traigamos entonces a los prisioneros al claro del bosque. Sáquenles del maletero.

Los dos despertaron atados de espalda a un árbol. Apenas se miraron. Él bajó la vista asumiendo la derrota del hombre que ella siempre creyó. No se dijeron nada. Delante de ellos los demonios jugaban con la manta de picnic y se asfixiaban los unos a los otros como caballos desbocados. Las señoras los miraban y rezaban agachando la cabeza y golpeándose el pecho, llamaron a los niños, los ordenaron en fila y los presentaron por su nombre de pila: Hansel, Gretel, Paola, Marcelo, Sigfrid. Los niñitos deben comenzar sus clases, escuchó la pareja. Y las mujeres, a veces señoras mayores y a veces cuerpos que asemejaban lobos enrabietados, repartieron unas cuantas piedras afiladas, algún palo acabado en punta, un cuchillo de sierra. ¿Quién será el primero?, preguntaron. Cuchichearon entre ellas y señalaron al más pequeño. Hansel, dijeron, debes sacar al menos un notable. Su cabeza se torcía a la derecha, como si estuviese quebrada y en su caminar hacia ellos observaron una descoordinación atípica, un arrastrar de pies y manos locas. Las moscas-fantasma revolotearon despistadas encima de los músculos. Los árboles cabecearon en la noche.

El golpe debe ser seco y rasgado. Seco y rasgado. Tengan a bien siempre dejar sin conciencia a los insectos pues los gritos suelen ser molestos para el trabajo. Lo primero de todo, las moscardas. La sangre llama a las moscas, buscan orificios y ponen sus huevos en el cadáver. Una moscarda hembra puede poner cientos de huevos, de ellos nacen miles de cresas, en unas seis horas. Ella, como pueden observar, bien puede ser uno de los nuestros, tan de piel blanca y voz luminosa. Una ancianita dentro de un cuerpo joven. Pongan todo su arte en el recorrido del paso de su cuerpo de mujer a artrópodo. Ella bailará para nosotros. Puede ayudarnos a aprender nuevas lecciones, es joven y valerosa. Un sujeto diferente a los demás. Primero, el golpe. Luego apartar el cabello de la cara. Más tarde rezar por su alma. Y luego convertirla, hacerla nuestra para siempre. Nuestra bella joven. Será vuestra institutriz, sonrisas y lágrimas para todos vosotros. Cuerpo que se arrastra en el barro. Recíbanla con sus juegos y sus saltos. Venga a nosotros su reino. Provoquen al invertebrado que todos llevamos dentro. Lo original es placentero.

Hansel golpeó varias veces en la rodilla del hombre y los gritos hicieron que los pájaros negros abandonaran los árboles. Luego fue ella, la de medias rotas la que pidió ser liberada. Y las madres se reunieron en círculo y tras las deliberaciones oportunas consintieron.  Las bestias le quitaron las ataduras. ¿Cómo cuánta sed tiene un licántropo? ,le preguntó ella a él, despojada ya de las ataduras. ¿Cómo cuánto corre el león? ,le dijo a antes de agarrar el cuchillo y cortar su dedo de prometido. ¿Cómo cuánto?, le repitió gritándole al oído. Y no paró de darle al despiece y al machaque hasta que la familia, hijos y señoras al completo, consintieron que tras las incisiones oportunas ella se pusiera la cara de él sobre su rostro. La cara, la cara, la cara, cantaban a coro. No paró de recortar hasta que logró la máscara perfecta y pudo sacar la lengua por esa boca enrojecida de diablo. Y entonces aulló antes de caer de rodillas entre las ramas rotas y abrazar a esos pequeños. Mis queridos niños, mis amados lobitos, balbuceó con la máscara puesta. Luego pidió regresar al coche, descansar en el maletero, sentir las hojas resbalando debajo de su cuerpo, reposar bajo unas mantas. Las señoras aullaron a la vez. Y los niños celebraban la bienvenida de la nueva institutriz lanzando caramelos que sacaban a puñados de los bolsillos mohosos de sus pantalones.

28 may. 2011

El arte de la negociación


La policía rodeó al asesino y los curiosos no tardaron en llegar. Los más atrevidos ocuparon las primeras posiciones, tras los coches de policía, pese a ver que tenía una pistola en la mano derecha. Algunos, los menos valerosos observaban desde la otra acera. El asesino amenazó con el arma y preguntó varias veces si tenía ya lo que había pedido. El que debía ser el agente principal, por rango capitán o comisario, se acercó con las manos en alto haciendo valer toda la psicología aprendida en estos años en el cuerpo.
            -No, no podemos darle lo que pide.
            -¿Les llevaría mucho tiempo encontrarlo?
            -Depende, rebaje sus pretensiones. ¿Por qué no una víctima cualquiera?
            -Bien, cualquiera me sirve. Mejor hombre, sí, hombre… –contestó el asesino.
            -¿Lo mataría a quemarropa?
            -A despecho, ya lo he declarado antes.
          El comisario, o capitán en defecto, le avisó que iba a hacer un movimiento limpio y que no debía temer nada. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón, sacó una libreta de apuntes y anotó las condiciones conversadas.
            -Descríbamelo –dijo.
            -Alto, joven, corpulento, con cara de haber conquistado a muchas mujeres.
            -¿Está casado usted?
            -Bien, sí, podríamos decir que sí.
            -¿Lo haría con esa pistola? ¿No prefiere otra arma?
            -No, la pistola va bien. Si acaso, me ensañaría con varios tiros en el pecho, como si se tratase de una venganza amorosa, tampoco quiero que luego tengan problemas con el móvil del crimen.
           -Espere, no vaya tan rápido –le interrumpió el policía que anotaba todos los detalles.
           -Lo mataría porque él y mi mujer, ya sabe…
           Antes de que acabara con la respuesta se acercó un joven policía al oficial de rango superior, eso hizo que el asesino balancease el arma más nervioso que nunca y el público de las primeras filas gritara asustado. El joven se cuadró, dijo que era un encargo para el oficial.
Hasta que el comandante o capitán no dejó de garabatear, el joven se alisó los pliegues del traje, limpió su placa y tosió varias veces llamando la atención. Cuando ya pudo decir todo lo que pensaba, se acercó y susurró al oído del oficial que era un caso difícil y que los hombres estaban desmotivados, que era un asesinato sin alicientes, las pistas eran vagas, imprecisas. Siguió con que habían estado horas intentando encontrar al que debería ser el muerto futuro, el asesinado, pero que nada, la investigación se complicaba cada vez más y el tiempo se agotaba, y que para él lo importante eran los grandes robos pues era la única forma de prosperar en el cuerpo y no los crímenes de tercera. Y lo dijo con cara triste, derrotado, encargando un café largo por radio tras la perorata.
El superior miró a su inferior desde su distancia de oficial graduado y no le respondió nada, tan sólo sonrió al asesino y le preguntó que qué trabajo le gustaría que tuviese la víctima.
           -Policía –contestó el asesino devolviéndole la sonrisa.

26 may. 2011

La huida de E. D.



Desde aquel día, quién más quien menos, confía poco en Alejandro Dumas. Por su obra Los tres mosqueteros, por su imaginación o por su estilo (“le mot juste”), lo respetamos. Punto. Se ha dado a entender que en esta mina nos mueve un odio rotundo hacia él por dejar desprotegido a su personaje, pero no es así: es un rencor vago que en la bocamina mismo, o dentro de la jaula o mientras se está paleando se desvanece entre el carbón picado y las miradas oscuras.
Pasa que el rasgo distintivo de esta mina es la literatura. Antes del hecho que nos ha marcado solamente había capas, pozos, rellenos, etc. Pero los mineros ahora (tras lo que sucedió un buen día) hablamos de las novelitas clásicas sin dificultad, procurando que el humo de las explosiones o el polvo del carbón, lo que por aquí se llama la pipá, no nos atragante la idea. Quizá lo más difícil de todo sea hacer entender al que no conoce nuestra historia la verdadera razón de todo.
            -Perdonen, tenía la impresión que caminaba hacia el muro exterior –dijo una vez un tipo con melena francesa y camisa de preso.
            Y claro, escuchar cómo alguien pica en la pared, temer luego la aparición, y que se asome la cabeza de este hombre en la mina, cayendo después de rodillas en la galería y mirándonos a todos como quien ve fantasmas, pues asusta. El personaje que apareció de un agujero un día hizo una reverencia y se rascó la cabeza. Después soltó un ¡oh! que chocó con unas cuantas paredes formando un eco francófilo y se puso a reír como un perturbado.
            -¿Qué hace aquí? ¿De dónde viene? –tuvo que preguntarle alguien.
            -Llevo cinco años cavando hacia el muro... Le puse nombre a las piedras, veintidós mil cuatrocientas, veintidós mil –hablaba temblequeando.
-¿Francés acaso? ¡Se presente! –le ordenó enfadado el capataz.
            -Edmond Dantés, Conde de Montecristo.
            Nosotros, en ese momento, cogimos el pico y trabajamos como si no hubiésemos visto a ese loco. Fue una ilusión nos dijimos, una ilusión. Pasamos a analizar las elecciones generales y la tienda que había montado en el pueblo la viuda de Iríbar, lencería y cosas finas... Pero el capataz ordenó parar, nos reprendió la ligereza. No nos quedó más remedio que invitarle a beber agua y compartir los panecillos de anís. Que había sido preso injustamente, contó. Refirió su historia: era marinero, con planes de casorio con Mercedes, pero su mejor amigo, Fernand, hizo que le apresaran una noche (también estaba enamorado de ella) y le llevasen a la cárcel de una isla desconocida. Y aunque la novela señale que él escapó de allí escondido en el saco donde debía ir un compañero de prisión, un viejo sabio, y que era lanzado al mar desde uno de los torreones por unos guardianes despistados, por el momento no había sido así. Nada de nada.
-Sigo cavando el túnel, Dumas me ha abandonado -gimoteaba.
Y aquí comenzó nuestro interés por Alejandro, Flaubert, Balzac y el comediógrafo Molière, la venganza y la lectura de folletines franceses. Porque claro, ¿quién no va a creer en el autor y en su historia cuando un día aparece negro de hollín el protagonista? Pero en el caso de Alejandro Dumas es un creer vago, porque fuimos nosotros y no Dumas, ni su pluma, ni la muerte de un sabio, ni un saco inventado… No, fuimos nosotros los que ayudamos a ese buen hombre. Con un barreno por aquí y otro por allá le abrimos vía, rompimos muro y escapó de su prisión de piedra.