26 feb. 2011

F.

No somos unos maniáticos. Lo que sucede es que nuestra familia siempre ha procurado tenerlo todo ordenado según marcan los códigos: el lápiz dentro del portalápices, los vaqueros van primero en la maleta, los libros se colocan por el nombre del autor en la estantería, las personas por su altura, dependiendo de la talla. El día en el que la familia descubrió que tenía pendiente una labor, quiso abarcar lo imposible y acabar de una vez con el desorden universal. Se decidió habilitar una habitación para cada una de las letras del abecedario y ahí almacenar todos los objetos posibles. Y que uno cuente así la historia, como si lo más importante fuera el propósito de la familia a la que pertenece, no es ni por querer dar importancia a lo sucedido ni por denunciar el absoluto caos que reina en todos los rincones posibles del cosmos, sino porque la familia así lo ha deseado:

-Ponle orden escrito a nuestra historia –me dijeron.

Para los que sean escépticos a nuestra labor, es verdad que si las cosas están ahí porque así se han dejado, en el quehacer diario, y uno va y las vuelve a ordenar según sus parámetros, al fin lo que hace es perturbar nuevamente el orden en el que quedaron durante un tiempo. Este matiz ha supuesto no pocas disputas, pues si lo que hacemos es enmarañar aún más nuestro alrededor, ¿no deberíamos ser castigados? ¿Acaso nuestra tarea tendrá consecuencias más desastrosas que el aleteo de una mariposa según la teoría del caos? Resolvimos que la tarea enciclopédica, ordenar cada cosa por su nombre, al fin y al cabo, solventaba el problema; pues era pura matemática aplicada a la letra, y por extensión, a los cuerpos. En cualquier caso, lo elemental, además de esa decisión, fue que la familia decidiera comprar toda la manzana de edificios que daba a la Avenida Miraflores. Dado que, aunque avanzamos en la tensión y la compresión de los objetos, una tarea de ese tamaño necesitaba un espacio suficiente. 


17 feb. 2011

Dom Agustim Calmet et LES REVENANTS


"Hay asenso al afirmar que uno de los tratados más famosos referentes al fenómeno del vampirismo es el mencionado, Dissertation sur les revenans en corps, les excomuniés, les oupires ou vampires, brocolaques, etc... (1751), de Dom Calmet, quien no se aparta, en la versión definitiva, de la posición ortodoxa de la iglesia, si bien, en algunos tratados sobre estos temas, algún autor afirmase que la obra primera había sido expurgada. Se decía que, al igual que sucediera a Darwin con el evolucionismo, que había ido a islas lejanas para afianzar el creacionismo y acabó defendiendo y preconizando la teoría evolucionista, también Calmet, con algunos comentarios de la obra primigenia, en realidad no había hecho más que avivar la antigua llama de la creencia en tales fenómenos preternaturales. Sea como fuere, la intención principal de la obra, se insiste, es la de refutar las opiniones consuetudinarias sobre “los hechos presuntos” de los vampiros...  El mismo autor obviaba, con meras afirmaciones, que su intención estaba lejos y nunca podría contradecir las irrefutables apariciones narradas en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, en una toma posicional o doctrinal basada en una mera cuestión de fe.
La obra vio la luz por primera vez en 1746, en París, editada por Debure; la segunda  apareció en Suiza, en Einsilden, en 1749 y la tercera en Alemania, en Augsburg, en 1750. Por fin, la obra completa y revisada, en dos tomos, se publicó nuevamente en París en 1751, otra vez por Debure el Mayor, “El mencionado aquí “Tratado de las apariciones de los espíritus y de los vampiros o revinientes de Hungría, Moravia, etc”, del reverendo padre dom Agustín Calmet, Abad de Sénones. La obra, como se dijo, se compone de dos tratados o disertaciones: el segundo, titulado Tratado de las apariciones de los ángeles, de los demonios y de las almas de los difuntos y Disertación sobre los revinientes en cuerpo, los excomulgados, los vampiros o upiros, brucolacos, etc, es el que es más o prácticamente el único conocido por muchos que se sienten atraídos o fascinados por los fenómenos de la denominada, en ocasiones “Magia Póstuma” y también “Magia Roja”.
El propósito del padre Calmet no fue realizar un estudio genérico sobre las apaciciones, sino sobre el vampirismo, como fenómeno peculiar, como él mismo reconoce en la obra, sobre unos hechos que en aquellos años se habían propalado por toda Europa, acontecidos en Hungria, Moravia, Silesia y Polonia, llenando de estupor al público y también a más de autor relevante. El estudio sobre el vampirismo llevó a que se considerasen también las generales apariciones y de ahí la existencia de las dos disertaciones, y no una como suele habitualmente creerse; en relación con ello tenemos la carta erudita que el padre Feijoo (Cartas eruditas y curiosas, 1753), –Reflexiones críticas sobre las dos disertaciones que, en orden a apariciones de espíritus y de los llamados vampiros, dio a luz poco ha el benedictino y célebre expositor de la Biblia dom Agustín Calmet– ya aludía al hecho de “las dos disertaciones”, una realidad que posteriormente se ignoró.
La idea básica que se postula y defiende –recuérdese que estamos en plena ilustración–, es la posibilidad de que los muertos retornen a la vida, aunque tal regreso nunca sería in corpore ni por la intervención del demonio, cosa que Dios no permitiría, indepen-dientemente de que fuesen o no condenados. Además, el libro es-tuvo motivado por numerosas profanaciones de tumbas en países balcánicos llevadas a cabo por el temor a estos espectros, un pavor que la misma iglesia había alentado, por una patente demonización de los fenómenos, que seguía férrea en los tiempos en que la obra se publicó."


De Salvador Alario Bataller en Malditos (Grafein).

10 feb. 2011

Panza de la fortuna

(Breve estupidez)

¡Por supuesto que quiero ser bufón de Ubú! De hecho es mi máxima aspiración. Fue en el entierro de Mallarmé cuando supe lo que la vida me deparaba, un universo enorme con forma de rosquilla y relleno de caos por dentro. Alfred Jarry estaba allí con su traje de ciclista, su bicicleta y sus pistolas en el cinto. Yo también, trabajando. Apenas un suspiro de altura, desconcertante apariencia y toda la ciencia de la Patafísica revolucionando su cabeza y el simbolismo francés.
"Enterrador, ponga al lado de la tumba mi camaleón", me dijo Alfred. Y yo cogí el camaleón y lo puse encima de la caja de Mallarmé. "Tápelo con mierda de oca, cariñosamente", gritó. Y yo obedecí. Ése hombre (mitad dios, mitad trasgo) había seguido el cortejo en bicicleta, haciendo sonar de vez en cuando su enorme campana de tranvía que cualquier buen día decidió instalar en ella, y ahora volvía a emprender la marcha. Fue el momento idóneo para dejar la pala, escupir al suelo con rabia y despedirme con un corte de mangas de mi jefe, el Enterrador Supremo. Gracias a esa decisión, la única que he tomado en mi vida, pude correr tras Alfred y la campana y por trasmigración mental (mi única virtud), entrar en su laberinto úbico y encontrar la definición de la 'Patafísica:
"Es la ciencia que se añade a la Metafísica, bien sea en sí misma, bien sea fuera de sí misma, y se extiende más allá, tan lejos como ésta se encuentra de la física" La 'Patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias que atribuye simbólicamente a los lineamientos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad".

Por lo que asimilé y adiviné, sin duda erróneamente, el futuro y dos conclusiones:

1. La 'Patafísica hace que la realidad, y por ende la escritura, que conocemos, explote por falsa, creando un nuevo universo irónico, caóticamente creativo, infantil, lleno de juegos y extravagancias, y se convierta el Collège de 'Pataphysique (presentí que se ocultaría en 1974 por la desaparición de varios de sus miembros y sentí su desocultación el 20 de abril de 2000 para continuar con la exploración) en una sociedad de Investigaciones Eruditas e Inútiles que se ocupa de la única cosa seria" ¡La 'Patafísica!

2. Todo es 'Patafísica/o. Boris Vian dirá un día en una entrevista: "Uno de los principios fundamentales de la 'Patafísica es el de la equivalencia de los contrarios. Es tal vez eso lo que explica el rechazo que manifestamos de lo que es considerado serio y de lo que no lo es, porque para nosotros "serio" o "no serio" es exactamente lo mismo. Eso es 'Patafísica; aunque uno no quiera, siempre está haciendo Patafísica".

Alfred Jarry seguía pedaleando, yo detrás, Ubú en mi cogote. De hecho no noté la respiración del señor Ubú, de la panza enroscada de Ubú, hasta que creí que lo tenía detrás. Inconscientemente estaba allí, en el último pliegue de la mente, y al ser pensado conscientemente (pura patafísica) Ubú apareció, respiró con su panza, gracias a su nariz de cocodrilo, y me despeinó. Por lo que París, una ciudad en gris metalizado, tenía corriendo sobre su piel a un falso príncipe acosando a un joven aprendiz de entierros que a su vez perseguía a un genio en bicicleta que seguía a trescientos por hora a la Contradicción Absoluta.
"Enterrador, la imaginación es lo único que soluciona los conflictos. Contraponga, enfrente, piense en opuestos, en contradicciones, ahí tendrá la solución a todo, el Humor", gritó así, con mayúscula en la hache, desde su bicicleta. De hecho, la literatura es eso, oposición. Así se crean preguntas. Y hartos de conocer las respuestas se necesitan buenas preguntas, ¿quién sabe preguntar? Es lo que yo pensaba, enterrador y pobre en todo. "'Patafísicos son aquellos que hacen conscientemente lo que los demás hacen de manera inconsciente", susurró alguien desde el cielo, el Dr. Faustroll. "El padre de todo descubrimiento habla", me ilusioné.
Sí, el grotesco señor Ubú es el culpable; el absurdo, la causa. La vida como juego. La literatura como juego. En el aliento de Ubú se advertía esencia de OuLiPo (Georges Perec, Italo Calvino, Cortázar porque sí"). Y mi pasado de enterrador dejó paso a mi futuro de jugador a letras. OuLiPo. Ouvroir de Littérature Potentielle, manifestación de la ciencia patafísica. Y pensé en ella, a toda carrera, sin saber nada más que lo que alguien, posiblemente el Dr. Faustroll, me susurraba: la literatura como experimento, como azar de palabras. Sustituir palabras de un texto por su definición, crear de antemano una lista e introducirla en un orden preciso, abrir por azar un libro y a partir de una palabra escogida automáticamente escribir y escribir, la novedad, la superación de los formalismos, el texto como placer, el lenguaje como un mecanismo imposible para captar la realidad, su superación, la escritura emanada desde el inconsciente, desde las vísceras, jugar y jugar. Y después, jugar más.
Y todas las frases venían a mi mente de persona sin nada más que la nada separadas por comas, con prisa. Y ese combinar de ideas hizo que parara la carrera y el señor Ubú se detuviera en seco. Le miré a los ojos. Alfred Jarry se escapó con su pedaleo. A lo lejos pude ver su estela de genio y su campana de tranvía. "Señor Ubú", le dije muy serio, sabía que estaba ante un decisión muy importante: "lo he decidido, quiero escribir, hacer letras". El señor Ubú refunfuñó, para responder se sentó, se metió el dedo meñique del pie en la nariz y sentenció mi futuro y con ello mi presente: "Bufón, mejor que te dediques a enterrar muertos".

7 feb. 2011

Culpa


Jugamos al ajedrez. “Raskolnikov y la señorita Freud juegan partidas rápidas de ajedrez detrás del sofá”. Podría ser un buen titular para un diario. Si es que a alguien de los que tienen la cabeza dentro del río le interesase la lectura. Si pudieran leer. Si hubiera diarios. Si alguien perdiera el tiempo con la escritura. Jugamos partidas a cinco minutos, a lo sumo diez. Habitualmente gano. Es inevitable. Ella con su cabecita zen no piensa en posibles variantes, no discurre de forma lógica; su pensamiento suele ser lateral. Y le explico el por qué de mi nombre, que es el nombre de un personaje. Y le cuento lo de la culpa del hombre que es la gran culpa de Raskolnikov tras haber matado en la novela de su autor ruso a una viejecita sin querer, o queriendo pero sin desearlo, casi sin quererlo. Y no lo comprende.


3 feb. 2011

Grossmann


Georg Grossmann vendía salchichas preparadas por él mismo en la estación del ferrocarril. Se carteaba con Haarmann, el Carnicero de Berlín, y se intercambiaban recetas culinarias. Nació en Neuruppen, capital del distrito de Ostprignitz-Ruppin, en el estado federado de Branderburgo, en 1863. Los perritos calientes humanos eran la debilidad de Grossmann. Necrófilo y condenado por abusos sexuales, llegó a anotar más de cincuenta víctimas en el haber de su hoja contable y acabó con una sentencia a muerte que firmó el juez con varios días de retraso. La mañana en la que lo apresaron, una barbacoa humeaba en su jardín, y una joven estaba al punto de sal. El apetito de Grossmann era voraz, las partes que no le servían las lanzaba al río Spree. Y el río Spree no era el río Ganges, eso es incuestionable. Si no, los habitantes de la zona habrían sabido cómo sacar partido a ese desperdicio y vender semejantes restos como fertilizantes. No llegaron a ejecutar a Grossman. Se ahorcó en su celda con cincuenta y tres años. Y lo último que debió creer era que de su cuello estiraba hacia arriba una ristra de frescas salchichas a la pimienta.

Tenedores


Y es que hay una musiquita en el ambiente...
 mis zapatos son tenedores y el fuego camina conmigo.



1 feb. 2011

Caníbal


Y claro, en LOS CANÍBALES el relato que dará título al libro tendrá relación directa con LA EMBOSCADA, como no podía ser de otra forma: cartas del padre, fórmulas físicas para aplicar la muerte, Issei Sagawa, Ed Gein, el inspector Spade y Silvia. Un relato que es cajón oscuro de la novela. Independiente. Posterior.