31 ago. 2011

Serial Killer





28 ago. 2011

Antonio Fernández Molina

  
El microrrelato surrealista

Antonio Fernández Molina (Alcalá de San Juan, Ciudad Real, 1927) está vinculado en sus orígenes literarios a los movimientos de vanguardia, en especial al postismo y al surrealismo movimientos ambos que dejan su impronta en algunos libros de microrrelatos memorables, que merecerían mucha más atención de la que han recibido hasta el presente, me refiero, entre otros, a 80 sueños  (1951) de Juan Eduardo Cirlot, o a La piedra de la locura (1966) de Fernando Arrabal , calificado por el propio escritor como “libro pánico” o libro de “mis sueños”. Del último existe una segunda edición (2000) realizada por Francisco Torres Moreal, con ilustraciones de Antonio Fernández Molina, A. T. y Raúl Herrero. Hay que señalar que el primer tomo de las  Poesías completas  de A. Fernández Molina va precedido a su vez de un prólogo de Arrabal lo que es un buen indicio de su amistad.
Los tres autores exaltan el papel de las fuerzas más oscuras de la mente humana, y reflejan mediante símbolos e imágenes oníricas un mundo inquietante de gran fuerza expresiva. No obstante, para el ámbito del microrrelato, Antonio Fernández Molina es el más importante de los tres. Intentaré hacerlo ver. Sabe forjarse en seguida un nombre como pintor y sobre todo como poeta; sus libros El cuello cercenado y Platos de amargo alpiste  son representativos de la renovación poética de su época. En 1951 fundó la revista y colección de libros denpoesía “Doña Endrina”, colaboró como redactor jefe en “Despacho literario”, revista dirigida por su amigo Miguel Labordeta, y llegó a ocupar también el cargo de secretario de redacción de “Papeles de Son Armadans”.



La mosca

La mosca que está en mi mano vuela hasta mi hombro. Es grande como una gallina. Cruza mi boca y entra en mi estómago. Entonces mis ojos se apagan y durante días y días veo con los suyos.

Cuando recupero la vista me dicen que he estado enfermo.

La mosca sale bruscamente y arrastra mi dentadura.

Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
La vida caprichosa, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2003.

21 ago. 2011

Cocina caníbal - TOPOR


Roland Topor
Escritor, pintor, ilustrador y cineasta francés de origen polaco. Publicó dibujos y cuentos en las revistas Bizarre, Arts, Le Rire y Fiction. Junto con Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowski, fundó del movimiento Pánico, vanguardia teatral de marcadas tendencias surrealistas y del teatro del absurdo. Influido por el cine de Luis Buñuel y por El Manifiesto del Teatro de la Crueldad de Artaud, en el Grupo Pánico se conjugan tres elementos básicos: terror, humor y simultaneidad.
Topor ha sido autor de piezas teatrales, director y actor, como en Autorretrato de un pornógrafo. Su novela El Quimérico Inquilino fue llevada al cine por Roman Polanski en 1976. Como actor ha participado en Nosferatu, vampiro de la noche (1979, de Werner Herzog) y El amor de Swann (1984, de Volker Schlöndorff). También ha diseñado la escenografía y el vestuario de obras teatrales y de óperas. Ha sido autor de dos películas de animación: Los caracoles (1966) y El planeta salvaje (1973), premio especial del jurado en Cannes. Además de sus trabajos en televisión (Téléchat: 156 episodios para niños con Henri Xhonneux), es autor de las piezas de teatro Joko festeja su cumpleaños (1975) y El invierno bajo la mesa, representada en Bruselas en 1996. Junto con Michel Ribes escribió la ópera Batallas, representada en 1983. Entre otras distinciones, obtuvo el Gran Premio de las Artes de la villa de París. La Cocina Caníbal fue publicado por primera vez en Francia por ediciones André Balland (París, 1970).

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Línea recta


Nadie tiene una capacidad de comprensión absoluta. Solaris es un enorme cerebro capaz de pensar. Y de repente, aparece un niño en medio de ese océano. Berton lo vio y así lo relata: cuatro metros de altura, ojos azules y el pelo negro. Recién desnudo, como un recién nacido. Mojado. Grasiento. Manteniéndose siempre encima de la ola. Y los inquisidores suelen reparar que ese comportamiento, el decir de Berton, es una alucinación. De repente, los ojos de uno no sirven para nada. Mejor arrancárselos. O mejor aún, someterse a la extracción de la piedra de la locura. Sería lo más apropiado si queremos evitar el dedo que señala. Porque, ¿dónde se sitúa la cara oculta del conocimiento? En ese ir y venir del Océano Solaris, que recuerda a los conjuntos fractales de B. Mandelbrot, al ir más allá de los conceptos geométricos clásicos, a la teoría del caos. Es un viaje peligroso. Quizás de ida. Tan sólo. Nuestro Kris, no obstante, opina que la solarísitica, tras las declaraciones fantasiosas de Berton, está en un camino sin salida, alucinatorio. Y claro, a él le interesa la “verdad”. Porque quizás la verdad que ha escuchado de Berton no sea la “verdad”. Porque para él, la “verdad” no puede darse de manera fractal. Para comprender la realidad lo habitual es calcular las palabras en línea recta. Kris hace una hoguera antes de partir. Quema ciertos recuerdos. La foto de su esposa fallecida está ahí, tras las cenizas. Y el silencio. Luego, parte hacia Solaris. Hay dos tripulantes, de los tres iniciales. El Dr. Guibarián se ha suicidado.



18 ago. 2011

La gallina degollada



Horacio Quiroga y su gallina degollada es leída continuamente por los nuestros.


La gallina degollada
Horacio Quiroga

Todo el día, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.
El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.
El mayor tenía doce años y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo. ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?



13 ago. 2011

La ley


19

Ha llegado a la habitación y ha vaciado la papelera por la ventana. Es la primera vez que le he escuchado gritar. Luego han venido algunas palabras incomprensibles que bien podrían ser en alemán. Habrá suspendido alguna asignatura porque ha destrozado el manual de derecho mercantil. Paseó intranquilo de un lado a otro de su espacio, como pensativo. Hasta que en un arranque de furia ha tirado buena parte de su muro, fruto de un puñetazo, y han caído a mi terreno algunas obras de autores que no conocía como Alejandro J. Ratia, Gabriel Matzneff, Josep María Madorell o Julián Ríos. Ya son míos. Desde el momento en el que sobrepasan frontera él y yo, tácitamente, aceptamos que pertenecen por accesión a nuestro territorio. Aquí no valen tiempos de prescripción ni años (seis para los bienes muebles según el Código Civil) para adquirir derechos.  Y aunque las normas definan la propiedad como el derecho de gozar y disponer de una cosa sin más limitaciones que las establecidas por las leyes, no vale hacer de las leyes generales una limitación (prohibición), sino todo lo contrario. En nuestro territorio, que son nuestras mitades exactas, vale la ocurrencia de Aleister Crowley una noche de invierno con el té en la mano:
            -Haz lo que quieras, será toda la ley.


10 ago. 2011

Arrabal's Tutti Frutti


Fernando Arrabal baila TUTTI FRUTTI al ritmo de sus 79 agostos, mañana cumple. Video de la magnífica Christele Jacob. Los caníbales le felicitan al son de tenedor y pandereta.




2 ago. 2011

Los RENEGADOS

 !

Dedos nerviosos del capitán Spaulding
zurcen americana de piel
humana, por supuesto,
y el inspector está muerto boca arriba
allí, frente al hogar que es roja charca.

Al helado motel de neón
no es posible arrancarle ni una voz.
Pájaros negros esperan en las vigas.

Detrás de la puerta velada, gallinas,
Bates y la familia Firefly,
cabelleras cuelgan de la pared húmeda.
Siete gatos como siete soles:
lengüitas que lamen pies en sangre.

Baño de luz. Tener calma.
Calma a la ebullición de las moscas.
Primero una parte. Y luego otra.

Es avanzar el silencio, dar cuchillo,
hermosas mujeres en carne,
escarbar el cuerpo hasta la llaga.
Olvidar la palabra:
lo artificial conserva la viva apariencia.

Y en la intensidad entre las cosas
y en la integridad entre las cosas:
poner la piel del revés.

Dedos nerviosos del capitán Spaulding
cosen botones en americana,
y una joven a sus pies, cabecita loca
amante de la serie B, saco de paja,
colorada como un cangrejo
de río, por supuesto.

Y es así:
Primero un pie, luego otro y las manos,
las manos, más tarde sierra en las rodillas
y el músculo áspero a un lado.