2 abr. 2011

Críticos




Lo ideal serían las conferencias sorpresa para el conferenciante. Así X, un reputado crítico moderno, acudiría sin nada preparado y se le pediría que hablase de la unión entre Sócrates y Alcíbiades. Si hubo relación sexual consensuada o no, etc. Y W, un rimbobante clasicista, debería departir durante hora y media sobre las señoras que se peinan a lo Rod Stewart. Nadie duda que serían más amenas las conferencias. Se repartirían pins y bolitas de alcanfor, obvio. Para ambos críticos se diseñaría una caja de metacrilato, pues el público siempre es lo más importante para la casa que convoca. Ya se sabe de las ventosidades de estos señores, tanto de los más viejos como de los más jovenes: sus jugos gástricos condensan tanta seriedad y conciencia de lo recto que acaban perdiendo fuelle por algún lado. Es en este punto donde no hay discusión alguna y siempre suelen coincidir todas las tendencias. La verdad absoluta del crítico, así llaman ciertos especialistas a la conjunción aerofágica. Aunque son ideas vagas, uno no sabe muy bien si tanta severidad hacia un colectivo muy concreto (¡y crítico!) sería perjudicial para uno mismo. Pese a que hace bastante desde la última vez que alguien vio uno de ellos. El cambio climático arrasa con todo. Ya lo viene diciendo Al Gore.

"Era un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies."